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¿Y si hoy nos sorprendiera la muerte, estaríamos listos?

Preferimos la zona de confort y se nos pasa la vida sin cumplir nuestros sueños…

Cuando pienso en términos de trabajo y del sentido que tienen mis actividades diarias, imagino a menudo que se trata de hacer lo que uno quiere antes de morir.  Pero por el camino vamos perdiendo de vista el norte que tal vez de jóvenes hemos imaginado (sin pensar en que moriremos algún día porque eso no se piensa en la juventud normalmente). Y nos enredamos con metas y aspiraciones monetarias que nada tienen que ver con los sueños originales que teníamos.

Veo películas como The bucket list, y me pregunto si es necesario que la muerte nos confronte de cerca, irremediablemente, para que podamos vivir.  ¿No se puede generar esa conciencia de muerte de tal manera que le encontremos el sentido a la vida?  Es decir, saber que el morir es una certeza del ser humano y en lugar de negarla, esconderla y huirle, tenerla a la vista, para poder vivir plenamente y con ganas.

El trabajo no es solo generador de dinero y bienestar aunque esta sea una función bien importante, pero no es la única.  Hay muchos trabajos o actividades que no generan dinero y son fuentes de plenitud.  Otros no.  Pienso en una mujer dedicada al hogar, pero que no encuentra ningún placer ni sentido en la labor que hace y siempre está añorando algo diferente.  Igual para un empleado de banco o un gerente de corporación.  Y pienso también en un barrendero que me topé a la salida de mi casa hace un tiempo y que al quejarme del vendaval de la noche anterior y la cantidad de hojas que taparían las alcantarillas y causarían inundaciones, él me contestó que para eso estaba él ahí, para que todo eso no sucediera, manteniendo barridas y limpias las calles.  Y lo dijo con una sonrisa, esa de quien se sabe importante para el mundo.  Lo que hace es vital.

Reflexiono sobre esa postura del barrendero. Se es libre cuando se toma la decisión de hacer una cosa con el corazón.  Tal vez no era su sueño, pero le encontró un sentido trascendente.  Lo que hace, es importante; no sólo barre calles, sino que evita inundaciones, embellece la ciudad y nos cuida.

Pero en muchos casos, se nos pasa la vida rutinariamente.  No nos damos cuenta de que hacemos lo mismo cada día, sin entusiasmo, quejándonos por lo que no tenemos, amargados, sin ilusión.  Ese es el ejemplo que damos a nuestros hijos y luego se nos hace raro que no se quieran graduar  ni quieran ser adultos.  Como dice el psicólogo Alejandro De Barbieri «Nadie sigue a un triste».

La zona de confort es cómoda, aunque no sea lo que hemos soñado.  Nos quedamos ahí, malviviendo.  Cambiar cuesta.  Es más fácil hacer lo que conocemos, que lanzarnos a crear algo, a vivir de forma diferente, a hacer lo que nos gusta y no lo que se espera de nosotros.  Para eso se necesita coraje, porque seguro que vamos a sufrir la incomodidad del fracaso, de la caída una y otra vez.  Pero si le ponemos pasión, lograremos levantarnos y triunfar.  Y ese triunfo muchas veces se traduce en satisfacción personal por el sueño cumplido, por el deber realizado con amor.  Por haber vivido apasionadamente y no deberle nada a la vida.

Que cuando la muerte nos llame, no nos falte nada por hacer, y podamos decir que valió la pena, a pesar de todo.

Hoy te invito a revisar tu día a día normal:

  1. ¿Cómo estás haciendo tu trabajo, tu actividad diaria? ¿Hay entusiasmo al levantarte o sientes que te pesa cada mañana enfrentarte a un nuevo día?
  2. ¿Qué haces de diferente cada día, dónde pones tu originalidad?  O siempre es tan igual y rutinario, que podrías calcarlo y reproducirlo infinitamente…
  3. Ponte como meta hacer algo diferente cada día, como por ejemplo, invertir el orden en que empiezas tu mañana, vestirte o maquillarte de forma innovadora, dejarle una nota a tu pareja o a tus hijos con un toque cariñoso. Sal a dar un paseo, hacer ejercicio, ver una película, leer un buen libro.
  4. Conéctate con la naturaleza y agradece lo que tienes; por ejemplo, levántate antes y mira el amanecer.  Más tarde, siente conscientemente el calor del sol, o el viento rozando tu piel.
  5. Piensa en cuáles son tus sueños, o cuales eran.  Trata de actualizarlos, hacerlos vigentes hoy.  Si ya no se pueden realizar, trata de hacer algo parecido.  O por lo menos intenta hacer algo que te guste; ver en tu trabajo un bien que realizas, mas allá de lo visible.
  6. Si te sientes estancado/a, busca ayuda.  La vida es una sola y no vale la pena pasarla amargados, viéndolo todo gris.  Busca los colores!! Enamórate de vivir.

Emily Atallah

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