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Vínculos sanos y sanadores

Los vínculos sanos son determinantes para nuestra salud y longevidad. Vínculos donde realmente podamos confiar en el otro y contar con él. No es la cantidad de amigos, pues se puede estar muy sólo en medio de una multitud, sino que la relación sea de confianza, sea fluida y libre, nos haga sentir seguros, amados e importantes.  Vínculos donde las cosas sean para usar (no así las personas), nos proporcionen una utilidad pero no nos conviertan en sus esclavos ni les otorguemos significados tales que reemplacen a las memorias o las personas.  Vínculos con nuestro entorno en el cual nos relacionemos con la naturaleza, los animales, nuestro trabajo y nuestra vida social sin que todo ello nos determine y nos quite libertad para crecer y desarrollarnos. Un vínculo espiritual que nos ayude a saber que somos trascendentes y una parte del todo, del universo y no que se convierta en una forma de hacer juicios e imponernos yugos difíciles de soltar.

Somos seres en relación durante nuestra existencia.  Por lo tanto, la forma como nos vinculamos, tiene mucho que ver con la calidad de nuestra vida, cómo la sentimos y nos desarrollamos. 

Los vínculos sanos, son sanadores.  Pero cuando vivimos desde el apego excesivo, la dependencia y la falta de libertad interior, esos vínculos se vuelven tóxicos y nos hacen mucho daño, y también, dañamos a los demás.  El problema es que es difícil diferenciar cuando estamos metidos en ese tipo de relación, porque lo que se afecta es nuestra libertad interior, y creemos que está bien el sacrificio, si obtenemos alguna ganancia a cambio.

Las relaciones tóxicas se dan en todos los campos, no solamente el amoroso, sino que pueden ser relaciones tóxicas familiares, o con amigos y también relacionados con apegos materiales a cosas, trabajos, dinero, o con situaciones de vida, alimentación, ejercicio, apariencia física etc….

Como decíamos muchas veces no nos damos cuenta, porque son situaciones a las que nos vamos encaminando por temas de educación, cultura en la que nacimos, costumbres y modas o influencias externas y que muchas veces nos producen ventajas o ganancias inconscientes, como el aparentar algo y lograr aceptación de un grupo, disfrutar un estilo de vida determinado, ventajas económicas, hacer lo que se espera de nosotros y tener a todos contentos, recibir premios y sentir la gratificación que esto trae, consolarnos emocionalmente y dejar de sentir la incomodidad.

Por eso es tan importante hacer consciencia de cuando nos estamos vinculando desde la escasez y la necesidad para poder hacerlo desde la intencionalidad, la abundancia y la gratitud.  Eso cambia todo el panorama.  Así que no es cuestión de decirle a alguien que deje un tipo de relación determinado sino que hay que acompañarle a descubrirse en su grandiosidad de ser humano, que logre conocerse y contactar con su dignidad y sus valores para que pueda actuar desde su ser único y saber exactamente lo que quiere, y pedirlo.  

No es tan fácil y por eso las relaciones abusivas son difíciles de dejar y se convierten en dinámicas de relación adictivas.  La gratificación es inmediata, mientras que el trabajo interior y el lograr ese nivel de auto conciencia es mas demorado. 

Cuando una relación lastima la autoestima, no nos deja desarrollar, ni surgir, ni ser libres; nos va minando la confianza en nosotros mismos y necesitamos la aprobación del otro para poder movernos. Pero cuando logramos conectar con nuestra esencia, el cambio es duradero y poderoso porque viene del interior de nuestro ser, de nuestra esencia única y valiosa.  De nuestra voluntad por encontrar el sentido en la propia vida.

Algunos tips para tener vínculos sanadores:

  1. Expresar lo que sentimos.  Nunca callar.  Las cosas no desaparecen porque las escondamos debajo del tapete.  Simplemente se van agrandando hasta que es difícil o imposible solucionarlas. Hay que cuidar las palabras, los gestos, las acciones y la entonación.  Ser sinceros y transparentes al comunicarnos y comunicar desde adentro y no señalar afuera.  Es decir, cambiar el mensaje por algo positivo, desde nuestros propios sentimientos y no desde el juicio y la culpa al otro. Responsabilizarnos por nuestras necesidades y nuestras emociones. 
  2. Ser auténtico.  Ser capaces de mostrarnos tan cuál, sin máscaras.  Mostrar nuestras fortalezas, habilidades y virtudes y también nuestra vulnerabilidad, las debilidades y las sombras.  Hacernos dueños de lo bueno y lo malo. Cuando somos capaces de mostrarnos tal y como somos, la otra persona también tiene el permiso de hacerlo y eso es importante.  No podemos querer gustarle a todo el mundo, aunque sea incómodo el rechazo de alguien. Pero si, ser los autores de nuestra propia vida y vivir con eso y sus consecuencias.
  3. No huir.  Abrazar el conflicto y la diferencia.  No se trata de tener relaciones sin conflictos porque si nunca hay conflicto es porque hay indiferencia, no nos importa nada, o  porque estamos cediendo demasiado y dejando nuestra identidad de lado.  Se trata de que tengamos relaciones que nos lleven a crecer, a mejorar, a evolucionar como seres humanos.  Donde estamos es justo donde tenemos que estar.  Desde ahí es donde hay que crecer.  Mucho tiempo sin conflicto es un conflicto.  Debe haber algo de caos para que el interior se mueva y nos permita reaccionar y elegir crecer.  De ahí la importancia de los vínculos y su función curativa o sanadora.

Solo encontrando o descubriendo el sentido de la propia vida, teniendo clara la meta, la voluntad es lo suficientemente poderosa para lograr un cambio en la manera de relacionarnos con nuestro entorno, las cosas y las personas.  Y esta forma de relacionarnos desde la libertad y la responsabilidad, nos sana y nos libera de las ataduras de los apegos.  

Siempre, démonos la oportunidad de elegir nuestras relaciones desde nuestra libertad interior.

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