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Aceptando mis sombras

Normalmente no tenemos tiempo de hacer un alto en nuestra cotidianidad para reflexionar sobre nuestra vida y mucho menos para saber cuales son mis fallos, mis miedos, mis vulnerabilidades.  El trabajo y la vida en general, van tapando esas características, y al final no nos confrontamos casi nunca con lo que realmente somos.

 Hasta que pasa algo…  y ese algo por lo general es contundente, nos obliga a parar, nos confronta, nos interpela hasta que «tenemos» que hacer caso y escuchar.

Por ejemplo, una muerte, una enfermedad, una quiebra, o una pandemia. Estamos obligados a cambiar la forma de movernos y de relacionarnos. Nos toca quedarnos en casa y a medida que pasan los días vemos que no es posible seguir al ritmo de antes, aunque lo hayamos preparado todo muy bien y creamos que lo tenemos todo controlado. Está la pareja, está el encierro, falla el internet, no todos los colaboradores tienen las mismas capacidades, no todos tienen los mismos accesos, tenemos a los hijos revoloteando, hay que alimentarlos y atenderlos y además no dejar «caer la casa».

Y ahí nos encontramos de frente con nuestras emociones. El desespero, el miedo, la rabia, la tristeza, la impotencia, la falta de control. ¡Estallamos! gritamos a la pareja, callamos a los hijos, llegamos hasta insultar a algún colaborador, criticamos, juzgamos y culpamos. Y eso, es lo normal. Eso está bien. 

Pero lo importante es reconocer que nuestra falta de control nos asusta, nos hace vulnerables y nos expone. Y así aceptar que no somos perfectos, que fallamos y que herimos a los demás, a los que más queremos y a nosotros mismos. 

Reconocer, pedir perdón y reparar. Con humildad mirar a los ojos a quien hemos ofendido, a nuestra pareja, a nuestro hijo, a nuestro colaborador y hacerle saber que somos humanos y que sentimos profundamente haberle causado dolor. No nos quita autoridad, al contrario nos hace dueños de nuestros sentimientos, nos ayuda a dominar nuestro temperamento. Y eso, es lo que nos hace grandes.

Te invito hoy a reconocer tu vulnerabilidad y tener el coraje de crecer como persona. Esa es la verdadera valentía de los héroes de carne y hueso, los seres humanos.

Y esa es la verdadera autoestima

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