Comunicación consciente… desde el silencio y la vida interior

Pensamos que hablar es comunicar, pero la realidad es que hay algunos que sin hablar ni una sola palabra dicen mucho y otros que parlotean mucho y no dicen nada.  Y es que comunicar es un llegar, no un partir, es decir, hemos comunicado cuando nuestro mensaje ha sido entendido.  Por eso es tan importante todo lo que hay en el proceso, desde que pensamos el mensaje hasta que éste es recibido y comprendido.

La comunicación entre seres humanos tiene miles de investigaciones y éste escrito no tiene la intención de ser científico ni exhaustivo, sino dar algunas pautas desde mi propia reflexión de lo que podría ser útil para que los diálogos fluyan suavemente y encuentren su objetivo.

Y todo empieza por el silencio interior y la reflexión.  En el silencio nos comunicamos con nosotros mismos y con lo que nos rodea, nos conectamos con lo que somos y sentimos, nos conocemos y encontramos lo que es importante y valioso para nosotros y qué es lo que queremos comunicar.  Sólo desde el conocimiento interior profundo podemos tener la claridad para decir lo que queremos en el día a día,  y esto es válido para conversaciones familiares, para encuentros con amigos, para equipos de trabajo.

Es clave el cómo llega un mensaje a una persona en un momento determinado de su vida, por eso la importancia de la forma en que hablamos, las palabras que utilizamos, la intención verdadera que tenemos y ante todo de espacios de silencio que ayudan a que la inteligencia de nuestro oyente conecte con su experiencia de vida y nos podamos entender.

 A partir de ahí, podemos empezar a comunicar eso que somos a los demás y ser conscientes que lo que hacemos y decimos y la forma en que lo ejecutamos nos afecta mutuamente, pues la comunicación siempre es de doble vía aunque sólo sea uno el que emita palabras.  Los gestos y las reacciones también son comunicación.

Para esto es básico mirar al otro, al que está enfrente, con ojos de empatía, de interés, de cercanía. Con los ojos del corazón, no sólo desde el  interés propio o el bolsillo.

¿Qué pasaría si nuestras comunicaciones fueran menos interesadas y a todas le pusiéramos un poquito de corazón?  Yo personalmente estoy convencida que todos nuestros negocios saldrían mejor.

Cuando nos comunicamos de forma honesta y clara, entregando nuestra autenticidad y lo que realmente somos, se crea una verdadera conexión con el otro y una relación de confianza que ayuda a saber para dónde vamos.  Por supuesto que esto nos hace vulnerables, es verdad, pero también nos hace más humanos.  Se favorece también la escucha pues ya es una comunicación de doble vía entre dos seres humanos llenos de vulnerabilidades pero con el coraje suficiente para exponerse y a partir de ahí crecer, desarrollarse y salir adelante.

¿De qué nos sirve una comunicación desde la superficialidad y el perfeccionismo?  Ahí hay una ruptura desde el inicio que no permite avanzar.  ¿Cómo cambia alguien que cree que ya es perfecto?

Te invito a reflexionar sobre la forma en que comunicas lo que eres, lo que sientes y lo que quieres.  ¿Eres auténtico al presentarte ante los demás, o estás siempre con una máscara puesta y nadie puede ver tus verdaderas intenciones?  ¿Te comunicas para servir a tu audiencia o sólo para obtener beneficios propios?

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