Lo simple y lo lento no están de moda

Se está volviendo costumbre para mi iniciar el año con estos temas de la simplicidad y la lentitud.  Y creo que es un poco atrevido hablar de esto en un mundo desenfrenado y aturdidor como el nuestro, donde nos despertamos especialmente en este 2020 con una amenaza de guerra, los números económicos disparados y donde todo el mundo habla de propósitos, cambios y empezar con pie firme y el acelerador a fondo.

Pero yo estoy convencida, que lo más importante es empezar bien, conociendo a fondo qué es lo que queremos lograr no solo este año sino ésta década, pues los sueños no se cumplen en un minuto sino que hay que perseverar y trabajar con método, sin pausa pero sin prisa.

Si no tenemos una buena planeación que esté alineada con nuestros objetivos, los cuales deben estar en total consonancia con nuestros valores, vamos a pedalear todo el año sin obtener nada. Y vamos a estar repitiendo los errores del pasado en lugar de aplicar aprendizajes y evolucionar.

Así que, más que un montón de propósitos inalcanzables me parece mejor detenernos un poco y en el silencio y la paz de nuestro interior revisar lo que es realmente importante para lograr lo que queremos.  Cuando hablo de simplificar la vida, me refiero justamente a eso.  No hacer nada que no corresponda a nuestros objetivos.  No es ser descortés, ni egoísta.  Es sopesar nuestras actividades, los eventos a los que asistimos, las ferias en las que participamos, las personas que contactamos, las reuniones (incluidas las familiares y de amigos) a las cuales no podemos faltar.  ¿Realmente es importante que vaya o no lo es tanto? ¿Aporta en algo a mi vida familiar, a mi vida social, a mis relaciones de trabajo?  Liberar la agenda para dejar tiempo a lo esencial, dejar tiempo para disfrutar en familia y dejar tiempo para el ocio hará que nuestra vida encuentre momentos significativos y valiosos para compartir y dejar huella.  Pero para esto es indispensable que revisemos también el estilo de vida que llevamos;  ¿para qué corremos tanto?  ¿qué es todo lo que acumulamos, en cosas materiales, carros, viajes, una casa más grande, títulos, hobbies, moda, etc?  ¿vale la pena vivir endeudado o mejor reviso y me ciño a mis propósitos reales?  No podemos estar comparándonos con todo el mundo y seguirle el paso a los demás. 

Se trata de encontrar mi propio equilibrio, la vida que quiero vivir y con quien quiero vivirla. 

Y cuando hablo de lentitud es tener mis valores claros, diseñar objetivos acordes a mis valores y trabajar paso a paso en lograrlos.  Si quiero conocer el mundo, tal vez no me será posible lograrlo en un año, pero si lo planifico, ahorro y cada año realizo un viaje, puede que antes de finalizar mi paso por este mundo sí haya logrado conocer el mundo y no se me haya quedado tan solo escrito en los propósitos de inicio del 2020. 

Creo que cuando adquirimos hábitos a fuerza de practicar a partir de lo pequeño, vemos los grandes cambios más rápido.  Pero es importante tener claridad hacia dónde vamos, que es lo que queremos lograr, qué es lo que realmente tiene sentido para nosotros en el área familiar, laboral, personal y espiritual.

Te invito a empezar despacio este año, a planear bien y lograr mucho.  Conócete, ámate y entrega lo mejor de ti al mundo.

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