Formación de líderes, Sentido de vida

Y no faltan los problemas…

Me encanta tomar fotos! Esta, en una playa cerca de Melbourne, Aus.
Me encanta tomar fotos! Esta, en una playa cerca de Melbourne, Aus.

A veces llegan todos juntos, los problemas, en otras ocasiones no se dejan sentir. Creo que siempre están presentes en mayor o menor medida y algunos los resolvemos fácilmente sin mayor esfuerzo. Pero hay otros que requieren de nuestras habilidades e incluso muchas veces, ni siquiera podemos recurrir a ellas, pues son unos problemas verdaderamente gordos que al final no podemos solucionar.

Quisiéramos una vida sin problemas, tranquila, suave.  Pero eso me hace pensar si la sal de la vida no serán precisamente las pequeñas vicisitudes que trae la cotidianidad.  Unos días sin tener que resolver nada, está bien, pero siempre esa calma, esa falta de retos, esa cotidianidad tan aburrida….

La realidad es que no conozco a nadie que no tenga un repertorio que contar cada vez que nos encontramos.  Hay problemas de todo tipo y ojalá solo existieran aquellos que no afectan a nuestros seres queridos, o de esos que se resuelven sin mayor “problema”.

Cuando tenemos compañía, es más fácil llevar las cargas que se nos presentan. Contar con alguien que vea desde afuera, que tenga “otros ojos”, hace que se aligere el peso que cargamos.Por lo general estamos solos.  O decidimos estar solos.  No nos sentimos cómodos contándole a otros nuestros problemas sin saber que ahí podría estar la solución.

Muchas veces simplemente huimos, dejamos así, sin resolver.  Nos tapamos los ojos y damos la vuelta pensando que las cosas se solucionarán por si solas.  Otras veces nos hundimos en una marea de pensamientos o lo que llamamos hiperreflexión. Le damos vueltas al asunto, no dormimos, lo repasamos una y otra vez tratando de hallar una solución cada vez mas esquiva.  ¿No les ha pasado que entre más desean algo parece alejarse más?  Pues le ponemos tanto empeño a encontrar la solución que nuestros ojos no ven lo obvio, lo que está enfrente.  No somos capaces de tomar decisiones y nos sentimos derrotados.

Lo cierto es que la vida se encarga de llamarnos la atención para que no huyamos ni nos hundamos sino que hagamos frente a  los retos que nos pone.  Al final todo se trata de aprender y evolucionar.  Ver que en cada problema se encuentra una oportunidad de hacer un alto, aprender algo nuevo (aunque no se solucione el problema), y salir fortalecidos al ser capaces de ver la vida de otra manera.

Algunos tips para lograrlo:

  •  Hacer silencio:  Por eso dicen que las grandes ideas y las mejores soluciones salen a las 3 am, o mientras estamos en la ducha.  Es necesario tomar distancia del problema, salir de nosotros mismos y ver lo que nos pasa, como si fuera ajeno.  Poder ver las cosas desde varios puntos de vista y para eso es necesario el silencio.  Ayuda mucho salir a caminar, pensar en otras cosas, respirar adecuadamente, conectarnos con nosotros y con la naturaleza.  Si logramos acallar las voces del problema, probablemente podamos escuchar la voz de la solución.
  • Contar la historia:  Poner por escrito nuestro problema y encontrar alguien con quien compartirlo si es posible (consejero, psicólogo, coach, director espiritual, amigo cercano). Contar la historia es enunciar el problema incluyendo las emociones y sentimientos que nos provoca. Conectarnos con nuestro mundo emocional y reconocer lo que genera, la rabia, la tristeza, el miedo, la impotencia, el rencor.  Y hacer listas…. me encantan las listas, pros y contras de cada solución que surja o de ninguna solución.
  • Pensar con horario:  Esto se refiere a no dedicarnos al problema 24/7.  Por más grave que parezca, es necesario descansar de pensar.  Si nos ponemos una hora para pensar en el problema, inconscientemente le estamos diciendo a nuestra mente que al terminar el horario elegido, deje de pensar en ello. Y así evitamos la hiperreflexión, y nos obligamos a trabajar en el asunto de forma ordenada y decidida.
  • Cambiar la actitud: Cuando tenemos un problema hasta nuestra expresión no verbal es derrotista.  Caminamos cabizbajos, meditabundos, no sonreímos y a todos les decimos —sin decirles-, que tenemos un grave problema.  ¿Qué pasaría si por voluntad propia y haciendo gala de nuestras dotes humanas tomamos la decisión de sonreír y salir con una actitud triunfante y agradecida?  Porque no nos digamos mentiras, aunque nos parezca que el mundo se nos cae encima, siempre hay algo que agradecer:  Un nuevo amanecer, el canto de los pájaros, inclusive el estar vivos para poder resolver EL PROBLEMA!  Así que una actitud agradecida es muy importante para abrir los espacios a la solución.  Nos ayuda a ver lo bello que hay en las pequeñas cosas y no nos permite hundirnos.

Hoy te invito a abrazar tus problemas, a verlos como oportunidades (aunque sea difícil), a cambiar tu actitud ante ellos y lograr aprender algo nuevo.

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