Publicado en Educación, Formación de líderes, Perdón, resentimiento, reparación, Relaciones familiares, relaciones laborales, Relaciones personales, Sentido de vida

¿A quien daña el engaño y la mentira?

Hace un tiempo leí un libro que me llamó mucho la atención.  Se llama “Por qué mentimos” … en especial a nosotros mismos de Dan Ariely, y allí se destaca la ciencia del engaño y lo interesante de la deshonestidad que se pone al descubierto en las prácticas laborales, políticas y sociales y se niega en casi todos los ámbitos sin ningún pudor.

Cuando hablamos de valores, la honestidad, la sinceridad, la coherencia, veracidad etc.. salen a relucir entre los principales que se enseñan en las escuelas y los principales al interior de las familias.

Pero si esto es cierto… ¿por qué tanto engaño, corrupción, malos manejos de dinero, robos, hurtos, infidelidades promesas incumplidas y un larguísimo etc… que llena las páginas de nuestra vida cotidiana y nos ha llevado a no confiar ni en nuestra sombra?

hablar-con-la-verdadAl final, simplemente hay muchos factores que inciden en el grado de deshonestidad de una persona, pues no vamos a hablar de que somos honestos al 100%.  Todos alguna vez hemos dicho aunque sea una mentirilla para salvarnos de una consecuencia poco agradable, es decir, todo se refiere al costo/beneficio, personal de hacer algo, la probabilidad de ser pillado y el castigo que se reciba.

Pero, ¿qué hace que una persona sea capaz de ocultarle la verdad a otro (por decirlo de una manera agradable) y mirarlo a los ojos, compartir con ella y no darle ni pizca de vergüenza, consciente o inconscientemente de estar ocultando algo, que incumbe a los dos?

¿Puede ser que estén pensando en el bienestar del otro? ¿del dolor que le va a causar la noticia? o tal vez puede ser que no se quiere enfrentar el propio dolor y la propia vergüenza.

Muchas veces es cuestión derivada de la forma como pensamos nuestra propia moralidad. Pues hay mentiras y engaños que consideramos mayores o menores, o mas aceptables unos que otros.

Y es que sucede que olvidamos los códigos morales, o ¿alguno recuerda así de rapidez los 10 mandamientos?

Una anécdota graciosa para ilustrar esto último,  que se encuentra en el mismo libro (Ariely, 2012) cuenta:“Un hombre visiblemente irritado va un día a ver a su rabino y le dice: «¡Rabino, no te vas a creer lo que me ha pasado! ¡La semana pasada, alguien me robo la bicicleta de la sinagoga!». 

Al oírlo el rabino se queda muy afectado, pero tras pensar un rato sugiere una solución:  «La semana que viene, ven al oficio religioso y siéntate en la fila de adelante y cuando yo recite los Diez Mandamientos, vuélvete y mira la gente de detrás.  Y si cuando lleguemos al ‘no robarás’, alguien no puede mirarte a los ojos, ése es el hombre».  El rabino está muy satisfecho con su propuesta y el otro también. 

Llega el día del oficio y el rabino siente gran curiosidad por ver si su consejo surte efecto.  Espera al hombre en la puerta de la sinagoga y le pregunta: «Qué, ¿ha ido bien?».

«Como un hechizo», responde el otro.  «En cuanto usted dijo ‘no cometerás adulterio’ recordé dónde había dejado la bicicleta».

Se sugiere entonces que un poco de educación en patrones éticos y su recordatorio periódico podría disminuir la tendencia a engañar, y hay experimentos llevados a cabo en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) que así lo comprueban. (Ariely, 2012)

Bueno esto es simplemente un llamado a la reflexión y no pretendo ni probar nada, ni hacer un extracto científico sobre el tema.  En realidad engañamos a los demás y nos justificamos de las más diversas maneras logrando solamente engañarnos a nosotros mismos.  Porque muy seguramente la otra persona se entera muy pronto de la realidad y de nuestras mentiras… “más rápido cae un mentiroso que un cojo” -dice el dicho-.  Y lo cierto es que nuestra reputación y nuestra integridad, quedan en entredicho y la confianza queda rota totalmente y será muy difícil repararla.

Pero lo peor es que indirectamente decimos al otro que tiene una nula importancia, que no lo respetamos ni como persona ni como pareja, ni como hijo, padre, trabajador etc…. Que creemos que no vale para nada y que pensamos que su inteligencia es tan deficiente que podemos engañarlo sin más.

Y eso duele… en el alma.Y eso tiene consecuencias para muchos muy fuertes en su autoestima y en la forma en como se relacionarán con los demás, pues la confianza en el ser humano se quiebra y muchas veces se termina viendo a todo el mundo como posible ofensor.  Y eso es triste.  Nadie merece que le hagamos eso.

puedes-hablar-mientras-corres-no-corres-verda-L-IO8N4cPor lo tanto la invitación de hoy es a pensar dos veces cuando vayamos a decir una mentira, así sea blanca o piadosa como suelen llamarse. Que pensemos dos veces antes de engañar a alguien.  Que pensemos dos veces antes de ser deshonestos, poco sinceros, falsos.  Tratemos de actuar con coherencia.  Es preferible no decir nada a decir algo poco sincero, ni siquiera para tratar de agradar.

Y si ya lo hemos hecho, pensemos en la magia que tiene decir “lo siento”y hablar con la verdad.

La verdad es la base de cualquier relación aunque sea una relación superficial y es un requisito indispensable para la reconciliación.  Necesitamos saber el porqué se nos ha tratado tan degradantemente para poder sanar el corazón y poder tener una vida plena, significativa y feliz.cropped-45.jpg

Autor:

Soy un acompañante en el camino de la vida, sus dificultades, sufrimientos, pérdidas y también en las posibilidades de encontrar nuevamente el sentido y vivir una vida plena y feliz.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s